

Patricia Clark, ex comisionada de la CVR de Greensboro, estuvo en Colombia para compartir esta experiencia en el seminario internacional Justicia transicional en lo local, organizado con el ICTJ con apoyo del Gobierno de Canadá. Clark habló con el ICTJ sobre la experiencia de las comisiones y las posibles lecciones para Colombia.
¿Por qué se decide crear una comisión de la verdad en Greensboro?
“La Comisión de la Verdad y Reconciliación de Greensboro fue creada en 2004, en respuesta a la petición de las víctimas y sobrevivientes de un trágico tiroteo por parte de miembros del Klu Klux Klan y grupos de neonazis. En ésta manifestación, el 3 de noviembre de 1979, fueron asesinados cinco miembros del Partido Comunista de los Trabajadores y heridas otras diez personas. Para realizar esta marcha, que era pidiendo mejores condiciones laborales y contra la pobreza, se contaba con un permiso del departamento de Policía que especificaba que no podían llevar armas. A pesar de dicho permiso y del hecho de que la policía fue informada de que el Ku Klux Klan y los neonazis intentarían llegar a la manifestación y llevar armas, la policía estuvo notablemente ausente, y mucha gente sintió que su presencia podría haber evitado la catástrofe”.
¿Qué elementos se necesitan para la creación de este tipo de comisión, que no está respaldada por el Estado?
“Una comisión de este tipo requiere que la comunidad la mantenga viva. La CVR de Greensboro fue creada, en primera medida, por los más afectados que eran los sobrevivientes, así como los jóvenes que estaban indignados por la falta de rendición de cuentas, las organizaciones comunitarias y las iglesias. La comunidad en su conjunto reconoció que si no había una adecuada resolución del incidente y un acuerdo sobre el pasado, la ciudad no sería capaz de alcanzar su pleno potencial”.
¿Cómo la falta de apoyo estatal influyó en las capacidades de la comisión?
“Como el Gobierno no aprobó la comisión (porque consideró que podría dividir y polarizar a la ciudad), la CVR no tuvo la capacidad de sanción, citación o de conceder inmunidad a los testigos, como sucedería con una comisión oficial. Sin embargo, como muchas personas en la comunidad creían que la policía estaba directa o indirectamente involucrada en el incidente, la Comisión ganó más credibilidad y ha ganado la confianza de personas que de otro modo, no habrían estado involucradas en el proceso. Por otra parte, el testimonio de ex miembros del Klan, agentes de la policía y fiscales, fueron cruciales, pues de lo contrario, la Comisión habría parecido sesgada. Se dio legitimidad al proyecto y fue importante respecto a la consolidación de su imagen pública”.
¿Cómo se involucró la sociedad en el trabajo de la Comisión?
“Las organizaciones de la sociedad civil fueron esenciales para la labor de la comisión. Antes de la publicación del informe, la Comisión celebró tres audiencias públicas en las que los miembros de la comunidad fueron invitados a testificar y, en la cuarta reunión, se permitió la entrada de ciudadanos que opinaron sobre las medidas que se necesitarían implementar para que Greensboro saliera adelante. Como resultado, muchas de las recomendaciones del informe final se construyeron con las opiniones directas de lo que los miembros de la comunidad creían necesario para ayudar a sanar a Greensboro y prosperar, y también, para ser un modelo para lugares con similares experiencias traumáticas”.
¿Cuál fue el papel de las organizaciones de la comunidad después de la publicación del informe?
“La participación de la sociedad civil ha sido fundamental para llevar adelante las recomendaciones del informe final de la comisión. Cuando se publicó el informe, la Comisión invitó a cerca de 70 organizaciones a recibirlo oficialmente. De esta manera, cada organización se comprometió a leer y analizarlo, a pensar en cómo podría utilizarse para educar a la sociedad sobre los hechos y los problemas pendientes, y alentar el debate sobre las cuestiones planteadas en éste. Además, cada organización se comprometió con la aplicación de las recomendaciones del informe, asegurando así que la labor de la Comisión no sería olvidada”.
¿Después del informe, se puede decir que la comunidad se reconcilió?
“Una gran cantidad de semillas se han sembrado, pero todavía queda por verse el progreso que puedan tener. En cuanto a los sobrevivientes y víctimas, muchos de ellos sentían que habían sido blanco de ataques y aislamiento durante años, así que para ellos, conseguir finalmente que su historia fuera escuchada en un ambiente donde su humanidad fue reconocida, fue un paso fundamental en términos de su curación. Además, un miembro del Klan, cuya participación en el incidente fue filmada pidió disculpas a la viuda de uno de los individuos que fue asesinado y, en junio de 2009, el ayuntamiento finalmente hizo una declaración de arrepentimiento por la matanza. En todos estos aspectos, al ayudar a las víctimas, también ayudó a la comunidad. Por otro lado, hemos hecho varias recomendaciones (incluidas las relativas a la formación contra el racismo para los departamentos de Policía involucrados en el incidente, un aumento en los salarios, y los esfuerzos de la conmemoración), que no se han ejecutado, pero aún tengo esperanza. Creo que en última instancia la gente reconocerá que fue un acontecimiento importante del que hemos aprendido algunas lecciones y espero que con el tiempo suficiente, sea algo de lo que la gente pueda enorgullecerse”.
¿Cuáles son algunos de los aspectos únicos de otras comisiones de la verdad locales en los EE.UU.?
“Hay tres posibles nuevas CVR en Maine, Detroit, y Mississippi, las cuales están tratando de resolver las injusticias del pasado que crearon una situación insostenible en la actualidad y donde, sin un esfuerzo por resolverlas, se seguirán generando consecuencias inaceptables en el futuro. En Maine, la CVR local podría contemplar la cuestión de los niños indígenas llevados a casas adoptivas de familias blancas, y en Detroit, una CVR podría examinar las prácticas de viviendas segregadas históricamente con apoyo del Estado”.
¿Puede una iniciativa de verdad y reconciliación local reemplazar a la nacional, o no es suficiente?
“Para la plena reconciliación debe existir verdad y la reconciliación, tanto a nivel local como nacional. Las CVR locales son muy importantes en este momento porque muchos lugares en los EE.UU. están empezando reconocer que es un proceso que podría ayudarles a desenterrar las injusticias del pasado. Algunas de estas comisiones locales tienen cierto potencial y los problemas varían dependiendo de la zona y las injusticias que necesitan ser tratadas. Por otra parte, el racismo y el legado de la esclavitud tienen un impacto colosal en los EE.UU. Ni siquiera hemos comenzado a abordar adecuadamente este legado, que sin duda podría beneficiarse de una comisión nacional”.
¿Qué lecciones de la experiencia de Greensburo se podrían aplicar a Colombia?
“Una de las principales lecciones para Colombia es que tienen que ser persistentes en la lucha por la justicia. En Greensboro el incidente tuvo lugar en 1979, pero el panel de la comisión no se elaboró sino hasta el año 2004: durante ese tiempo la gente no dejaba que la comunidad olvidara que la tragedia había ocurrido. Es esencial continuar la educación pública en torno a las injusticias, seguir haciendo demandas al gobierno y no creer que en las circunstancias actuales no pueden hacer nada al respecto, y sobre todo. seguir buscando la manera de honrar a aquellos cuyas vidas fueron cegadas. Luchar para que las injusticias no se olviden es esencial porque si no, se permite que se produzcan de nuevo”.

El Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ por sus siglas en inglés) apoya a países que luchan contra la impunidad, en la búsqueda por enfrentar el legado de crímenes masivos y atribuir responsabilidades por violaciones de los derechos humanos ocurridos en el pasado. El Centro actúa en sociedades que emergen de gobiernos autoritarios o de conflictos armados, en el esfuerzo por consolidar la institucionalidad democrática.
Creado en mayo de 2005 por el gobierno de Canadá, el GPSF apoya procesos de paz, esfuerzos de mediación y el desarrollo de iniciativas de justicia transicional y reconciliación. Así mismo, contribuye a la construcción y al fortalecimiento de capacidades para la paz y a promover estrategias de protección de la población civil, y reducir el impacto de las minas antipersona, armas pequeñas y ligeras.
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