
Este muro construido en piedra contiene grabados en una placa de metal los nombres de las víctimas. Es en la actualidad un lugar de visita y ceremonia de los familiares y sobrevivientes.
Villa Grimaldi fue uno de los primeros centros de detención y tortura en ser recuperado en América Latina como espacio de memoria. Posteriormente, otros centros en Chile, como Londres 38, José Domingo Cañas y Cuatro Álamos, fueron rescatados para contar lo que pasó y para reiterar que no puede volver a repetirse.
Tras el golpe de Estado en 1973, Villa Grimaldi, un lugar que fue encuentro de intelectuales y artistas durante décadas, pasó a manos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) de la dictadura de Augusto Pinochet y funcionó durante seis años, con el nombre de Cuartel Terranova, como centro clandestino de detención, tortura y exterminio.
Este lugar fue el primer centro de detención y tortura chileno en convertirse en un sitio de conciencia, en 1996, cuando cambia su nombre a Parque por la Paz Villa Grimaldi. En el 2004 el Consejo de Monumentos Nacionales lo declara Monumento Histórico.
El memorial de las rosas rinde homenaje a las mujeres que fueron víctimas de la dictadura militar. Existen placas con los nombres de las víctimas pero también placas sin nombres en honor a la mujer desconocida. Este jardín fue construido en el lugar donde los sobrevivientes aluden que se encontraba otro rosal, que intuyeron por el olor pues en Villa Grimaldi estaban permanente con sus ojos vendados.La mayoría de espacios en Villa Grimaldi fueron reconstruidos gracias a los testimonios de los sobrevivientes, pues el lugar fue demolido por completo en los ochenta. Y la reconstrucción cuidó milímetro a milímetro lo simbólico. El lugar permite un recorrido participante y son las placas de mosaico en el suelo las que sitúan a los espectadores en los distintos espacios. Estas placas fueron hechas así por los artistas como una forma de recrear lo que sentían los prisioneros en el lugar: con los ojos vendados sólo alcanzaban a ver fragmentos del suelo, piedras y baldosas de colores.
Así mismo, una serie de monumentos tratan de reivindicar la memoria de quienes estuvieron en este lugar: el de las rosas, que rinde homenaje a las mujeres; un muro con el nombre de las víctimas que recuerda uno a uno a esos seres anónimos, y el de los rieles, que reposa en un espacio cúbico de 5 por 5 metros y da una sensación de pérdida de orientación. Este último es un ejemplo literal de las técnicas de desaparición que eran usadas durante la dictadura: las personas eran amarradas a los rieles del tren y posteriormente arrojadas al mar desde helicópteros Puma piloteados por agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional.
Estos son los pedazos del riel de un tren exhibidos en Villa Grimaldi como testimonio de los métodos de desaparición usados por la dictadura. Los prisioneros, sacados de Villa Grimaldi y otros centros de detención, eran conducidos a lugares donde eran inyectados con somníferos para posteriormente ser arrojados de helicópteros, atados a los rieles que impedían que los cuerpos salieran a flote.Privado, público. Duelo, aprendizaje. Villa Grimaldi permite, a partir de las experiencias personales de aquellos que estuvieron recluidos en este centro, educar para la no repetición a las generaciones futuras. Las experiencias privadas logran convertirse no sólo en relato del dolor sino también en ejemplo público de lo que no puede volver a suceder en Chile, pero sobre todo, desde una perspectiva más general, de la importancia del respeto de los derechos humanos.
“Esa es una batalla de todos los días. Acá recibimos siempre jóvenes que no saben lo que ocurrió y tenemos el reto de enseñarles desde este espacio. A medida que acumulamos experiencia logramos sensibilizar. Sin embargo, además de tener los espacios, que por sí solos cuentan muchas cosas, complementamos estos ejercicios con talleres educativos para los jóvenes, que les permitan pensar sobre el pasado y el presente y sobre el respeto de los derechos humanos en general”, asegura Lelia Perez, miembro del equipo de Villa Grimaldi, a su vez sobreviviente.
Los mosaicos señalan el camino por lo que se denomina el Museo de Sitio en Villa Grimaldi y tienen un gran poder simbólico. Los artistas querían poner a los visitantes en la situación de los prisioneros, quienes con sus ojos vendados sólo podían ver el suelo y pequeños pedazos de piedra y tierra. Este lugar de la memoria, como oposición al silencio, enfrenta también el reto de reclamar la no impunidad por los crímenes y contribuir a la construcción de una cultura democrática, retos que al final tiene para sí misma la memoria. Esa conjunción entre los intereses privados de las víctimas de encontrar en estos lugares y en los ejercicios de memoria sus propios procesos catárticos se conjuga de una manera óptima en Villa Grimaldi con el interés de la sociedad por aprender de estos hechos.
La experiencia del Cono Sur para convertir lugares de horror en sitios de conciencia, en espacios de memoria, debería ser valorada por otras experiencias, en especial la colombiana, que necesita conservar los escenarios del terror como herramientas en la lucha contra el olvido, en la defensa de los derechos humanos y como una prueba para las generaciones futuras de lo que no puede volver a suceder.

El Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ por sus siglas en inglés) apoya a países que luchan contra la impunidad, en la búsqueda por enfrentar el legado de crímenes masivos y atribuir responsabilidades por violaciones de los derechos humanos ocurridos en el pasado. El Centro actúa en sociedades que emergen de gobiernos autoritarios o de conflictos armados, en el esfuerzo por consolidar la institucionalidad democrática.
Creado en mayo de 2005 por el gobierno de Canadá, el GPSF apoya procesos de paz, esfuerzos de mediación y el desarrollo de iniciativas de justicia transicional y reconciliación. Así mismo, contribuye a la construcción y al fortalecimiento de capacidades para la paz y a promover estrategias de protección de la población civil, y reducir el impacto de las minas antipersona, armas pequeñas y ligeras.
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