ENTREVISTA

‘Un pedido de perdón a las víctimas no es algo que se saca de la manga’

Asumir la responsabilidad propia o del Estado es lo que hace distinto un pedido de perdón de una expresión de solidaridad. Entrevista ICTJ.


Pablo de Greiff
Foto: Eduardo González, director del Programa de Búsqueda de la Verdad del ICTJ

Desde el enfoque de la justicia transicional, los pedidos de perdón son entendidos como formas de reparación simbólica. Pedir perdón no es sólo una manifestación de solidaridad con quien sufre, sino el reconocimiento de la dignidad de las víctimas de violaciones a los derechos humanos. Su sentido último es reconstruir los lazos de confianza entre las poblaciones victimizadas y las instituciones responsables de proteger sus derechos.

Un pedido de perdón efectivamente reparador debe reconocer el daño específico por el que se ofrece satisfacción, por lo que debe ir acompañado de un adecuado esclarecimiento de los hechos. Debe, además, incluir el compromiso de evitar la repetición de las ofensas a través de medidas efectivas. Además del deber de proveer reparaciones integrales a las víctimas, es claro que los pedidos de perdón atienden fundamentalmente a un imperativo ético imprescindible para la legitimidad del estado de derecho.

En esta entrevista con Eduardo González, director del área de verdad y memoria del ICTJ, abordamos el tema desde la experiencia comparada, a propósito del pedido perdón ofrecido por el presidente Álvaro Uribe, el pasado 5 de julio en Popayán, durante la primera entrega de reparaciones administrativas a las víctimas.

Para que se entienda como algo realmente reparador, ¿qué características debe llenar un pedido de perdón?

“Un pedido de perdón implica la admisión de que un acto criminal ha causado ciertos daños específicos a las víctimas. Para que un pedido de perdón sea reparador, la víctima tiene que sentir que su sufrimiento es reconocido sinceramente y que el hecho sufrido no debió haberse cometido. Un pedido de perdón no puede tener cortapisas; para ser sentido como reparador y sincero tiene que ser concreto y completo”.

¿De qué manera puede ser completo?

“Aceptando el carácter criminal del hecho por el cual se pide perdón, reconstruyendo la integralidad de las circunstancias de modo, lugar y tiempo en que se dio la violación a los derechos de las víctimas, y asumiendo el compromiso de implementar ciertos cambios a futuro, medidas de prevención. Yo creo que estas características son muy intuitivas. Cuando uno piensa en el perdón a la escala de las relaciones interpersonales dañadas, es obvio que el prerrequisito para la posible restauración de una relación la aceptación honesta de la falta y el compromiso de que no volverá a ocurrir. Ese es un mínimo ético que cualquiera puede ver, no se necesita ser abogado”.

Cuando jefes de Estado o líderes políticos piden perdón por violaciones a los derechos humanos, ¿deben necesariamente incluir el reconocimiento de responsabilidades?

“Un jefe de Estado no ofrece un pedido de perdón a nombre personal o de una fracción política; sino a nombre de lo que representa, es decir, la unidad de la nación y el poder del Estado. En ese sentido, sería contraintuitivo que el jefe de Estado pidiera perdón pero no reconociera la responsabilidad del Estado. De otra manera, ¿por qué pediría perdón? Hay una diferencia entre reconocer responsabilidad –es decir, pedir perdón,- y simplemente, expresar compasión por el sufrimiento de otros sin reconocer responsabilidad. Lo segundo acto es más bien un acto humanitario: “nosotros no tenemos ninguna responsabilidad por lo que le pasó a usted, pero expresamos compasión”. Por ejemplo, cuando hay una catástrofe natural, el Estado, en efecto, dirige palabras de alivio, compasión y solidaridad a las víctimas de ese hecho, del cual nadie tiene responsabilidad. Cuando hablamos de hechos sociales, sin embargo, tales como la violencia y el conflicto armado, existen responsabilidades y el Estado tiene que asumir las propias.

¿En la experiencia comparada en justicia transicional hay algún momento en que resulte más adecuado pedir perdón? ¿Antes o después de un proceso de esclarecimiento histórico, por ejemplo?

“En términos generales, un pedido de perdón ocurre cuando la parte que pide perdón ha llegado a reconocer su responsabilidad, luego de un proceso de debate y de análisis. Al mismo tiempo, el pedido de perdón, en tanto gesto político, tiene que “aterrizar” en cierto escenario, tiene que conducirse con alguna posibilidad real de generar un diálogo constructivo; de modo que el mejor momento para un pedido de perdón es cuando, además de haber llegado a la conciencia de la propia responsabilidad, se ha conducido un mínimo proceso de consulta con las víctimas para entender qué es lo que la víctima necesita en términos de reparación y de dignificación. Como las víctimas son tantas, la violencia es tan compleja y los hechos tan profundos, dañinos y multifacéticos, vale la pena ofrecer un pedido de perdón cuando se ha tenido un mínimo proceso de consulta. No debería ser algo espontáneo, que se saca de la manga. Debería ser algo muy serio, preparado, discutido con las víctimas para facilitar el diálogo que sigue al pedido”.

¿El pedido de perdón, por sí solo, podría ser asumido por los estados como ‘yo ya pedí perdón: ya reparé’? ¿De qué otras medidas de justicia transicional debería ir acompañado?

“Cuando hablamos de violaciones que afectan las reglas más básicas de la convivencia humana, el daño que se ha causado a la confianza ciudadana, a la esperanza de poder vivir pacíficamente en un país, es tan grave que la reparación, la reconstrucción de los lazos sociales requiere muchas iniciativas y mucha paciencia. Parte de eso incluye la restauración de la justicia; tiene que haber un mínimo sentimiento de que no habrá impunidad para unos y sufrimiento para otros; tiene que haber reconocimiento para que la sociedad entienda por qué se está pidiendo perdón; tiene que haber un compromiso de reparación significativa en todos los aspectos, materiales y simbólicos. De otro modo, es posible que el pedido se perciba como una fórmula vacía. Imaginemos el caso de un abusador que somete a su cónyuge a tratos violentos cuando consume alcohol. Si el perpetrador pide perdón cada vez que está sobrio, pero no hace nada por dejar de tomar, la víctima simplemente deja de creer en un pedido que es mera fórmula sin acción. No basta decir ‘lo siento, ya nunca lo haré’; hay que acompañar la declaración de ciertos hechos.

¿Qué casos de pedidos de perdón podrían calificarse como exitosos y reparadores y cuáles, definitivamente, son malas experiencias?

Los pedidos de perdón con fuerte impacto en la sociedad llegan en momentos políticos de alto simbolismo, se apoyan en procesos de recuperación de la memoria histórica, en una amplia consulta e interlocución con los sectores que han sufrido la violencia y son completos en el reconocimiento de las faltas y el compromiso de repararlas y evitarlas en el futuro.

Además, los pedidos de perdón exitosos tienen que ser percibidos como sinceras expresiones de arrepentimiento y propósito de cambio. No pueden hacerse entre dientes, con cortapisas, sin la solemnidad que tal ocasión requiere.

El año pasado, el Gobierno de Canadá, a través del Primer Ministro Stephen Harper, ofreció un pedido de perdón directo y comprehensivo a las víctimas de los procesos de asimilación forzada que dañaron muy profundamente a niños indígenas durante decenas de años en ese país. Este pedido de perdón va acompañado de la creación de una comisión de la verdad para esclarecer lo que ocurrió y de la otorgación de una compensación material muy significativa. Este pedido de perdón se ofreció en sesión solemne del parlamento, con el apoyo de cada uno de los partidos de oposición y en presencia de los sobrevivientes, que tuvieron ocasión de responder al ministro. A pesar de que el tema de la asimilación forzada es muy doloroso en el Canadá, la actitud de una disculpa solemne y completa ha contribuido a su mejor tratamiento.

Otros ejemplos interesantes son los que han ocurrido luego de comisiones de verdad. Los presidentes Aylwin, en Chile, y Toledo, en Perú, ofrecieron pedidos de perdón a las víctimas, reconocieron la tragedia y las responsabilidades estatales luego de las comisiones de la verdad. Lo que debemos retener de esos dos gestos es que ambos presidentes pidieron perdón sobre la base de información y hechos reconocidos. Una disculpa no puede ser inespecífica: no se pide perdón por algo que se niega o se justifica.

¿Y a quién se le pide? El presidente Uribe, por ejemplo, en su pedido de perdón en la entrega de reparaciones administrativas a las víctimas en Popayán, lo pidió a todos los colombianos. ¿Debe ser directamente a las víctimas, con nombre propio?

“En primer lugar, no es ilegítimo expresar dolor por los daños que todos los colombianos han sufrido, porque es cierto que todos los colombianos, en mayor o menor medida, sufren y han sufrido las consecuencias del conflicto armado, que el Estado tiene una responsabilidad con todos sus ciudadanos y que, en la medida en que ha fallado en su tarea de protección, tiene una responsabilidad que admitir.

Ahora, si es que el pedido de perdón ocurre en un momento muy claro, de otorgación de reparaciones a víctimas de las acciones ilegales del paramilitarismo, conducta que claramente ocurrió por la alianza de grupos ilegales y sectores del Estado, creo que lo más apropiado sería ser específico: tanto en el daño como en la víctima que se reconoce. Para volver al ejemplo que mencioné anteriormente, si un abusador doméstico no le pide perdón a su pareja, sino a todas las víctimas de la violencia doméstica, no está pidiendo perdón en realidad.”

Hace un año se desmovilizó la jefa guerrillera Nelly Avila alias ‘Karina’, y como parte de su labor de ‘gestora de paz’ ha hecho pedidos de perdón en varios lugares, pero no han caído bien entre las víctimas porque parece algo impuesto y porque ella no habría reconocido todos sus crímenes. ¿Es legítimo pedir perdón por obligación o en contraprestación por un beneficio?

“En términos éticos, tanto el pedir como el otorgar perdón son actos de libertad. En la misma medida en que uno no puede exigirle a la víctima perdonar, creo que no se le puede exigir al victimario pedir perdón. A nivel individual, me parece un contrasentido imponer externamente un sentimiento como el arrepentimiento. Es, además, contraproducente, porque el arrepentimiento impuesto se percibe fácilmente y nada como la hipocresía hiere más a la víctima.

“En términos de individuos, el pedido de perdón es lo más distinto que puede haber a la imposición de una pena; porque la pena es por definición una obligación impuesta externamente, en tanto que el arrepentimiento que lleva a pedir perdón es un proceso moral interno. Confundir ambos niveles me parece, en principio, controversial.

“Ahora bien: algo muy distinto ocurre cuando no hablamos de perpetradores individuales sino de las instituciones políticas, porque estas son el resultado de la voluntad de colectividades y no tienen –por lo tanto- una conciencia subjetiva individual. Una institución política, en puridad, no se “arrepiente”: lo hacen sus integrantes. Pero una institución política sí puede reconocer que sus objetivos y estrategias condujeron a crímenes, esto es, puede reconocer su responsabilidad política, así, en el ejemplo que he mencionado, los partidos políticos canadienses reconocieron su responsabilidad por haber gobernado durante la aplicación de las políticas de asimilación forzada.

Por lo tanto, cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos condena a algún estado a ofrecer disculpas y levantar monumentos, por faltar a sus deberes de protección, tal imposición sí es correcta, porque no hace violencia a ninguna conciencia individual: simplemente constata que una institución faltó a un deber constitutivo y que no tiene otra opción para cumplir con sus deberes con un mínimo de legitimidad, que reconocer sus faltas.”


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¿En qué consiste la reparación a las víctimas?

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Acerca del ICTJ

El Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ por sus siglas en inglés) apoya a países que luchan contra la impunidad, en la búsqueda por enfrentar el legado de crímenes masivos y atribuir responsabilidades por violaciones de los derechos humanos ocurridos en el pasado. El Centro actúa en sociedades que emergen de gobiernos autoritarios o de conflictos armados, en el esfuerzo por consolidar la institucionalidad democrática.

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Creado en mayo de 2005 por el gobierno de Canadá, el GPSF apoya procesos de paz, esfuerzos de mediación y el desarrollo de iniciativas de justicia transicional y reconciliación. Así mismo, contribuye a la construcción y al fortalecimiento de capacidades para la paz y a promover estrategias de protección de la población civil, y reducir el impacto de las minas antipersona, armas pequeñas y ligeras.

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